Han pasado seis días. No recuerdo mucho de las horas anteriores, la verdad; tan solo que, mientras revisaba de nuevo los perfiles de Cayo Lara y Juan López de Uralde para el especial de las elecciones del 20 de noviembre, en Twitter y
Eskup decían que a las siete de la tarde habría una comparecencia de Gerry Adams, presidenet del Sinn Féin. Leía
tuits de gente nerviosa ante la llegada de esa hora, de esperanzas puestas ante un esperado comunicado final.
A las siete de la tarde, alguien se adelantó a Adams: la edición digital del diario Gara anunciaba el cese definitivo de la violencia de ETA. La noticia empezó a correr por Twitter y escuché a algunos compañeros de la redacción digital expresar su emoción.
Media hora después, yo me tenia que ir para el
Festival de Series de Madrid, porque íbamos a empezar a cubrirlo. Pregunté hasta a tres personas si querían que me quedara a echarles una mano hasta que oí un "por favor". Es uno de esos días en los que te puedes sentir afortunado por estar trabajando en una redacción.
Mientras yo elaboraba
una pequeña revista de prensa internacional, mis compañeros estaban atentos a las sucesivas comparecencias de Zapatero, Rubalcaba y Rajoy; pendientes de lo que se emitía por el Canal 24 Horas y de las sucesivas informaciones de agencias. Había más información para cubrir y no había que olvidarla:
las palabras de Durán i Lleida sobre la homosexualidad o las últimas novedades sobre los niños desaparecidos en Córdoba.
Yo me fui a las diez y media, dejando atrás a cuatro excelentes y muy trabajadores redactores de la web dándolo duro todavía. No sé a qué hora se marcharon. Quizá me tenía que haber quedado más tiempo.
El domingo, en
Salvados, Jordi Évole preguntaba a todos sus entrevistados qué hacían el día en que ETA anunció el cese definitivo de la violencia. Esto era lo que hacía yo.